Giramos y giramos mientras el viento intentaba derribar las cenizas de los cigarros. Las risas abundaban, y el eco se las enviaban a los ciudadanos tristes de la ciudad agitada y sombría.
Giramos mientras nuestros labios unidos permanecían. ¡Qué enamorados estábamos! que pena que ya no giramos, pero de vez en cuando, continuamos regalando risas a los que analizan la muerte en la ciudad.
1 comentario:
Qué lastima es que no giren más. Sabes? Así me siento yo a veces, cuando recuerdo cómo perdí esa relación tan bonita con una persona.
Un besito :)
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