Leí un texto de un hombre que extraña a una mujer, que la ama pero ya no están juntos. Una típica historia, lo que hace destacable el texto es como está escrito, con un aire a Cortázar, y que ese hombre está conmigo... Y está bien que ame a otra. Yo te amé por mucho tiempo, te buscaba en todos con los que estaba, pero no encontré a nadie como tú.
Al terminar de leer el texto, me pregunté si aún te amaba, y no, ya no te amo, pero tengo un cariño inmenso por los torcidos recuerdos de mi mente. Al fin Under the bridge es más mía que tuya.
Dos meses después
El hombre del escrito hice que desapareciera de mi mundo. Ahora está con otra, felizmente enamorado, como nunca nadie lo ha estado conmigo y encuentro que es admirable, patéticamente admirable. Apareció otra persona, que extrañamente me recuerda algo a ti, será por la música que escucha o por el querer y no querer quererme. Qué se yo. Lo encontré y pretendo liberarlo, porque contigo me demoré años en aceptarte, en liberarte, en recuperarme. Sin emabargo, sigo escribiéndote, recordándote, queriéndote como un lejano, muy lejano recuerdo de lo que quizás fue un sueño. Y me elevo en la magia efímera y surrealista del calor de verano que abrazó los pastos que nos rozaban.
Quizás no lo logre con nadie, o sí. Pero tú fuiste algo importante, y aunque este otro hombre se parezca a ti, incluso sea mejor, sé que la posibilidad es igual o menos que la tuya, porque de qué me basta el que me quiera y no quiera quererme. De qué me sirve... y por eso lo liberaré de mi mente, de mi estómago.
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