Me cuesta entender cómo funciona la vida. Me rehuso a seguir las normas porque no las logro comprender. No entiendo por qué tiene que ser una linea recta -o con curvas- de inicio a fin, por qué no se corta y de une con otro lado opuesto, por qué no existen otras paralelas que se crucen de vez en cuando, por qué no inicia al terminar. ¿Por qué tengo que vivir? En teoría lo comprendo si me aferro a misticismo de mis creencias, pero la falta de sentido, los opuestos, los silencios y el esquema, son los que me están pudriendo, y no puedo evitar volver a sentirme la adolescente que comenzó este blog, lo cual detesto con todo mi ser, porque parecería que fuese parte de mi esencia, o más bien, que sigo siendo una inmadura emocionalmente, lo cual sería la cruda verdad.
Recuerdo alguna vez que con M. buscábamos "razones para vivir", porque eran tiempos confusos y grises, repletos de personajes y egocentrismo santiaguino, al cual nunca pude aceptar.... y buscábamos pequeñas razones, que nos hicieran reír, pensar, cambiar la rutina. Me pregunto qué será de M., ¿aún necesitará "razones para vivir" tanto como yo?
Santiago siempre fue la pureza de la soledad y con ella los contrastes, (con esto me refiero al primer periodo que viví allá) porque hubo un tiempo en que me hizo sentir indestructible, elevada. Como aquel día con M., que corrimos desde Bellavista hacia no se dónde, completamente drogadas, corríamos y nos sentíamos libres, riendo y abstrayéndonos de nuestro alrededor. Por otro lado, la caída siempre fue peor en esta ciudad, era drástica y no tenía lealtad. Casi me llevó a la muerte. Poco recuerdo de ese día, claro que sé perfectamente qué sucedió, hasta que dormí. Luego recuerdo el mundo girar a toda velocidad. Los golpes. Sentir que me iba. Despertar en otro lugar y 3 semanas que me costó volver a sentirme "normal" físicamente. Es una historia que los pocos que la conocen.
Por eso, cuando regresé hace 3 años, sabía cuál era el límite emocional. Y no necesité "razones para vivir", porque me había ido con una meta. La falta vino con el tiempo, por el no pertenecer, por estar en dos ciudades y en ninguna a la vez, por alejarme tanto de todos, incluso de mí. Las "razones para vivir" se volvieron necesarias cuando crucé la primera meta. Y me encontré perdida ante la realidad. A dónde voy?, qué haré?, dónde viviré? como preguntas básicas existenciales, pero hay cosas mucho más importantes sobre la vida que siempre las omití, hay cosas que uno debería saber y que no las sé, y mientras más pasa el tiempo menos las logro aceptar. Dentro de mi ingenuidad (que intensamente ligada a mi inmadurez), siento que me perdí dentro de la realidad.
La realidad y el futuro son dos conceptos que nunca puse en mis planes, es por eso, que nuevamente y con casi desesperación busco "razones para vivir", esta vez sola.
Fran.
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